Los Laboratorios Nacionales Sandia (Sandia National Laboratories) iniciaron a mediados de los años setenta el trabajo con energías renovables (RE - Renewable Energy), concentrándose primordialmente en los componentes y sistemas fotovoltaicos. Esta labor servía de apoyo en esa época al Programa Nacional Fotovoltaico del Departamento de Energía de los Estados Unidos y dio como resultado la creación en Sandia, a mediados de los años ochenta, del Centro de Asistencia para el Diseño Fotovoltaico (PV DAC - PV Design Assistance Center). Su primera actividad internacional se efectuó en Bolivia en 1984, al realizarse un proyecto de cooperación con el Banco Mundial, en el que Sandia coordinaba la instalación de sistemas de bombeo de agua accionados por la energía solar.
Gracias al éxito de estas primeras actividades, el Comité para el Comercio y la Industra de Energías Renovables (CORECT-Committee for Renewable Energy Commerce and Trade) le pidió a Sandia en 1987 que ampliara la gama de sus actividades de asistencia en diseño para abarcar todas las tecnologías en energía renovable. De ahí que se estableciera el Centro de Asistencia para el Diseño de Sistemas de Energía Renovable (RE DAC - Renewable Energy Design Assistance Center). CORECT coordinaba a las agencias federales de los Estados Unidos para todo asunto relacionado con la exportación y el comercio, y el RE DAC llegó a ser el brazo de asistencia técnica de dicho comité. El hecho de colaborar con la industria y con organizaciones como la Asociación de Industrias en Energía Solar (SEIA), el Consejo Norteamericano de Exportación de Energía Renovable (US ECRE), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y otras agencias federales e internacionales, contribuyó a que el RE DAC representara ante un creciente número de países los intereses del DOE, en cuanto al desarrollo de las tecnologías de energía renovable.
Para los primeros años de la década de los noventa, el RE DAC de Sandía estaba ayudando a numerosos proyectos de energía renovable en todo el mundo. Fue en este momento que Sandia empezó a realizar conversaciones con varias instituciones mexicanas para apoyar los esfuerzos de México de iniciar programas de desarrollo socioeconómico, en los que la energía renovable tendría un papel importante. Se establecieron lazos formales entre organizaciones de los Estados Unidos y de México interesadas en compartir información y brindar asistencia técnica para el aprovechamiento de las tecnologías de energía renovable.
Estas asociaciones se formaron en 1992 dentro del marco del Programa Cooperativo de Energía Renovable (PROCER) entre México y Estados Unidos. Su meta era fomentar un mayor aprovechamiento de tecnologías renovables comprobadas, mediante su creciente comercialización como aplicaciones prácticas y rentables para la electrificación rural, el bombeo de agua y otros usos productivos en México, más la generación masiva de energía para las redes de utilidad pública. Los primeros intentos fueron principalmente de tipo fotovoltaico, con cierta inclusión de pequeños sistemas eólicos y termosolares. Era la intención del programa concentrarse en posibles mercados y aplicaciones que no se hubieran incluido dentro de otros programas como los que auspiciaba el gobierno federal mexicano. Se realizaron varios esfuerzos por desarrollar proyectos específicos de energía renovable y por desarrollar relaciones con organizaciones claves en México.
Las primeras organizaciones que participaron dentro del PROCER fueron Sandia National Laboratories (incluyendo al CORECT), el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE) de México, la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES) que representaba la industria mexicana, y el Consejo de Exportación para la Energía Renovable, de los Estados Unidos. El PROCER facilitaba una amplia interacción con las agencias mexicanas, establecía relaciones importantes, ayudaba en el desarrollo de proyectos y facilitaba a la industria norteamericana su entrada a los mercados mexicanos.
A fines de 1992 la oficina para México de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional se unió al programa existente, apoyando sus objetivos de promover el aprovechamiento de aplicaciones productivas de la tecnología de renovables para el desarrollo socioeconómico de México.
En esa época (1992-1994) no existía una única agencia mexicana que en sí tuviera a cargo la responsabilidad de promover todo desarrollo en la energía renovable, por lo que se tuvo que establecer vínculos entre Sandia National Laboratories y varias agencias y organizaciones mexicanas claves, entre las cuales estaban la ANES, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el Fideicomiso de Riesgo Compartido (FIRCO) de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), y el Gobierno de Chihuahua. La fuerza de estas relaciones y el reconocimiento de posibles mercados nuevos para las tecnologías de energía renovable condujeron a establecer el Programa de Energía Renovable en México (MREP-México Renewable Energy Program), financiado conjuntamente por la USAID y el DOE. Se inició el programa formal en 1994, concentrando esfuerzos por facilitarles a las organizaciones asociadas en el país desarrollar su capacidad técnica de tal forma que pudieran aprovechar bien las tecnologías de energía renovable. A la vez, se procuraba incrementar la conciencia pública acerca de los beneficios ofrecidos por dichas tecnologías. Se recalcó la necesidad de desarrollar una infraestructura sustentable, ligándose con organizaciones mexicanas financiadas, y usando la implementación de proyectos piloto como parte de sus actividades regulares. También se brindó capacitación y asesoramiento técnico para las tecnologías y sus aplicaciones, como para las distintas etapas de realización de los respectivos proyectos.
La Fase I del Programa de Energía Renovable de México se extendió hasta fines de 1997, concentrándose en la realización de proyectos piloto de costo compartido con las organizaciones asociadas, para estimular una mayor preparación del mercado y su desarrollo. Durante esta fase, las organizaciones asociadas más importantes eran agencias gubernamentales que contaban con programas de desarrollo de largo plazo, como eran el FIRCO y el Grupo de Trabajo de Energía Renovable en Chihuahua, este último un consorcio de más de una docena de organizaciones privadas y públicas chihuahuenses. Se demostró, además, el uso de sistemas de energía renovable en el manejo de las áreas protegidas mediante las instalaciones conjuntas que realizaran las oficinas locales de The Nature Conservancy(TNC), World Wildlife Fund (WWF) y Conservation International (CI).
En su Fase II, entre 1997 y el año 2000, el MREP siguió con la realización de proyectos de costo compartido, tal y como se perfilaban en la Fase I, pero agregando un segundo énfasis en el desarrollo de la capacidad técnica de los programas y de las empresas en México. La meta era consolidar una infraestructura nacional fuerte y de múltiples facetas, para facilitar un crecimiento constante y sustentable en el aprovechamiento de las tecnologías de energía solar.
En 1998 el Programa de Energía Renovable en México llegó a convertirse en un componente importante del Acuerdo Bilateral entre los Estados Unidos y México para la Cooperación en Energía (en su Anexo 1 respecto a la energía renovable), en el que la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (CONAE), y los Laboratorios Nacionales Sandia fueron nombrados como punteros para su respectivo país en la parte técnica.
Se instalaron más de 400 sistemas de energía renovable de costo compartido dentro del marco del MREP y en todos los casos, las agencias asociadas han mostrado tener la capacidad técnica y la motivación para continuar aprovechando las tecnologías de energía renovable, cada vez que sea apropiado.
La Fase III, entre 2000 y 2004, se concentra en dos áreas principales: 1) la réplica a gran escala de los sistemas, por parte de las organizaciones mexicanas asociadas, y 2) el desarrollo de la capacidad programática y técnica de dichos asociados. Es mínima la cantidad de instalaciones de proyectos pilotos de costo compartido que realizó el MREP; sin embargo, éstas siguen siendo implementadas por socios del Programa. El Programa se concentró en los siguientes cuatro sectores principales: agricultura, educación a distancia, áreas protegidas y electrificación de zonas rurales que no tengan acceso a la red.